Protesta en San Francisco: Miles salen a las calles a exigir la legalización migratoria
Araceli Martínez-Ortega | La Opinión
24 de abril de 2006

SAN FRANCISCO, California — Gloria Carmina, su esposo Roberto y dos de sus hijos tienen cifradas las esperanzas en una reforma migratoria que les permita convertirse en residentes legales de este país.

Por eso es que no fallan a ninguna de las marchas que se han organizado en San Francisco para protestar contra el proyecto de ley HR4437 que pretende criminalizar a los que, como ellos, son inmigrantes indocumentados.

Roberto era médico veterinario en México y dejó su país hace 11 años para venir a donar un riñón para su hermana.

El proceso de donación le llevó casi un año, tiempo en el cual perdió su empleo en México y se vio obligado a quedarse en el país, trabajando en lo que fuera.

Al poco tiempo, su esposa Gloria Carmina, quien era enfermera en México, emigró a Estados Unidos junto con sus dos hijos, con una visa de turista.

Ya en el país, nació su tercera hija, que ahora tiene 4 años.

Roberto trabaja en el área de mantenimiento de una compañía de taxis, Gloria es recepcionista en una empresa inmobiliaria.
Gloria Carmina tiene seis años sin ver a su familia.

El sueño de esta familia es poder legalizar su situación migratoria en Estados Unidos, tener un permiso de trabajo y una licencia de manejo.

Este sueño es compartido por los más de dos mil manifestantes que acudieron ayer al parque Dolores a expresarse en contra de las leyes antiinmigrantes en el Congreso y apoyar una reforma migratoria justa.
Sheila Cheng, de la Coalición por los Derechos de los Inmigrantes del área de la Bahía, recalcó ante una multitud enardecida que quieren una reforma sin programas de trabajadores huéspedes, sin explotación y sin categorías, que permita la reunificación de las familias.

“Participar en el paro económico del 1 de mayo es una decisión que cada quien debe tomar de acuerdo a su situación personal. Lo importante es participar, ya sea en las marchas o no comprando nada. Lo bueno es que tenemos varias opciones para que los inmigrantes escojan”, indicó.

Jenny Solís, del Comité en Solidaridad con el Pueblo de El Salvador hizo ver que quienes provocan la pobreza y el hambre en los países latinoamericanos, “ahora nos quieren deportar”.

“Con sus políticas de globalización e imperialistas nos están sacando de nuestros países… venimos aquí y nos tratan como terroristas y ladrones”, sostuvo con voz emocionada.

Fei Yi Chen, de la Asociación de Chinos Progresistas, afirmó que la ley de Sensenbrenner le recuerda mucho a una ley que se aprobó en 1882 que prohibía a los chinos convertirse en ciudadanos.

Jennifer Flores, de Jóvenes Juntos, de la secundaria Richmond, comparó los proyectos antiinmigrantes que se debaten en el Congreso Federal con el examen de salida.

“Ambos violan los derechos humanos de todos”.

Howard Wallace, del Consejo del Trabajo, que agrupa a más de 100 mil trabajadores de 140 sindicatos de San Francisco, fue muy claro al decir que si la comunidad inmigrante trabajadora sigue con las marchas y manifestaciones, van a lograr una reforma migratoria comprensiva.

Y mientras miles participaban en el mitin en el parque Dolores, a un par de cuadras, afuera de la histórica iglesia Dolores, 46 líderes de diferentes credos religiosos hicieron un llamado a los legisladores a trabajar juntos para conseguir una reforma de migración comprensiva que permita un país seguro para todos.

El arzobispo de San Francisco, George H. Niederauer, dijo a La Opinión que las diferencias en relación a las estrategias de lucha para el 1 de mayo no deben dividir a la comunidad inmigrante.

“No importan si unos quieren hacer un paro, y otros quieren marchar, lo que importa es mantenernos unidos para lograr justicia por los inmigrantes, porque después del 1 de mayo, el 2 de mayo, tenemos que seguir juntos en este movimiento”.

La reforma migratoria, dijeron los líderes religiosos a través de un comunicado, debe brindar a los inmigrantes indocumentados y a sus familias un camino para lograr la residencia legal y la ciudadanía.

Debe permitir la reunificación familiar y proveer vías legales para que los migrantes vengan a trabajar a Estados Unidos de manera segura, humana y ordenada.
“Esperamos que este país continúe aceptando a todos los inmigrantes como ha sucedido en el pasado”, expusieron líderes católicos, budistas, episcopales y prebisterianos.

El arzobispo Niederauer llamó ayer domingo día de oración y acción por los inmigrantes y a favor de que los legisladores voten por una reforma migratoria.

A los sacerdotes católicos de la Arquiodiócesis de San Francisco, se unieron el grupo de Caridades Católicas, la Coalición Interreligiosa por los Derechos de los Inmigrantes y el Centro Pastoral de Inmigrantes Irlandeses.


10,000 Resume the Battle Cry: Immigrant rights marchers turn out in big numbers; archbishop denounces enforcement-heavy House bill
Delfin Vigil | San Francisco Chronicle
Monday, April 24, 2006

A coalition of Bay Area religious leaders including San Francisco Archbishop George Niederauer joined forces with about 10,000 protesters Sunday in denouncing a House of Representatives bill that would make illegal immigration a felony.

Calling for a more humane approach to immigration legislation, as is proposed in bills the Senate is to resume debating this week, Niederauer and the other leaders gathered near the steps of the Mission Dolores Basilica for an interfaith prayer service with mostly Latino Catholics. At the same time, protesters gathered in nearby Dolores Park for San Francisco's largest immigrants' rights rally so far this year and prepared to march to the Federal Building.

"It's time for the government to stop picking on our immigrants," said the Rev. Norman Fong of Chinatown Presbyterian Church.

Rabbi Stephen Pearce of San Francisco's Temple Emanu-El told of his grandfather's arrival in the United States.

"He learned three things: One, the streets were not paved with gold; two, they were not paved at all; and three, he had to pave them," Pearce said.

The Rev. Gloria del Castillo, pastor of Good Samaritan Episcopal Church in San Francisco, and Buddhist representative Kyin Yee Daw also showed support for Niederauer as he read a joint statement.

Immigration reforms the leaders proposed include "giving undocumented workers and their families a just path to lawful permanent residence and citizenship" and "allowing families torn apart by immigration to reunite."

In an interview after the prayer service, the archbishop spoke about the House bill, which passed in December and has spurred protests across the country since March.

"Some of the recent legislation coming from the House has been very shortsighted and even mean-spirited," he said.

In addition to cracking down on illegal immigrants and beefing up border security, the House bill calls for fencing 700 miles of the U.S.-Mexico border.

"A country has a right to protect its borders, but if that's the only concern, then your country will turn into a fortress," Niederauer said as the blocks-long crowd of political protesters slowly joined the religious leaders and their followers for the march.

Several worshipers gathered at the Mission Dolores Basilica said they decided to participate in Sunday's march because of the archbishop's encouragement.

"I wanted to participate in the past few rallies but I was a little afraid to," said Mercedes Martinez, an immigrant from El Salvador who lives in San Jose and works as a housecleaner. "But now that the church has come out to support us, I feel more comfortable and safe marching with my son."

Martinez and her 7-year-old boy merged with the larger crowd, where flags from nearly every Latin American country waved along with Filipino, Korean and U.S. flags, though American and Mexican flags predominated.

Protesters carried signs reading "Free people not free trade," "Deport racism," and "We are not aliens -- we are from the same planet."

Others wore yellow armbands marked "immigrant," and many more wore T-shirts bearing the image of Latin American revolutionary Che Guevara. Dancers in Aztec clothing moved up the street next to protesters, marching to the beat of snare and bass drums.

Many shouted "Sí, se puede" ("Yes, we can") and other slogans in Spanish and English. Distinguishing this rally from others this spring was the volume of pamphlets distributed about activism and the proposed federal legislation, participants said.

"This march is a little more focused," said Francisco Herrera, who sang songs outside of the Mission Dolores Basilica and introduced the archbishop to the crowd. "I was the master of ceremonies at the 120,000-strong march in San Diego two weeks ago. That was a spiritual high.

"But now the focus is on informing people about legislation. Congress is back in session tomorrow so we are sending a message today."

 


 

 




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